El sábado pasado
conversaba con un buen amigo sobre mis visitas a los restaurantes de la Avenida
9. Acto seguido me preguntó: ¿Ya fuiste a la Uvita Perdida? Rápidamente recordé
que estaba en la lista de pendientes, pero esa pregunta me llevó a decidirme en
visitarla el día de hoy. Caminé unos 200 metros al este de la Iglesia Santa
Teresita, y a continuación doble a la derecha, para quedar casi diagonal a
Apotecario. Un arbolito con luces, es la clave para encontrar este tesoro
escondido.
El lugar es pequeño
pero muy acogedor, con excelente decoración, lo que te hace sentir de inmediato
el ambiente íntimo de este restaurante. Fui el primero en llegar, lo que me
permitió sacarle una foto de una parte del salón, que invita a una cena romántica
o a una charla muy tranquila con amigos cercanos. Por cierto, unos cuantos
minutos más tarde y hubiese tenido el agrado de escuchar música en vivo.
Llegaba la parte
importante de la noche, escoger la bebida y platillos protagonistas.
La Uvita Perdida se destaca por su cava de vinos, bastante amplia, muy seguro que llenaría a cabalidad las expectativas de cualquier catador de esta
bebida. Mi poca experiencia en el ámbito
de los vinitos, me hizo decidirme por la vieja confiable: La Sangría. Una vez más, decisión
acertadísima. Sin excederse en el dulzor, el suave aroma y sabor a canela, la
hacen el acompañamiento perfecto para las preparaciones de la noche. A
continuación, llegó un pancito fresco a la mesa, acompañado de pesto y mayonesa de Kalamata
(aceituna morada, ¡exquisita!, no le tenga miedo)
Aterrizamos en los
platos, lo que me lleva a hacerles un resumen de la dinámica de la Uvita
Perdida: el menú es pequeño, pero realmente sabroso. Las tablas son los
platillos principales, así como también ensaladas que allí mismo preparan.
Todas vienen con una botella de vino, armando el “combo” de la Uvita Perdida. Sin
embargo, mi visita fue unipersonal, así que seleccioné dos entradas: Tortilla
Española y Tabla de Quesos.
La primera de
ellas, deliciosa. Es la clásica receta de la tortilla española, con la variante
de la Uvita. Se puede sentir la textura de la papa, bien cocinada y sazonada.
El toque caramelizado de la cebolla le da un punto incomparable a la receta. Un
poco de pesto por encima, un par de tomates cherry, concluyen el plato. No me
esperaba la decoración con cuatro rollitos de salmón con aceitunas, en una cama de
albahaca y queso crema. Sin duda alguna un toque exquisito.
Por su parte, la
tabla de quesos cerraba el menú escogido para la noche. Este plato es de
abundantes proporciones, a pesar de ser una entrada. Nuevamente, el pesto
casero le da un matiz claramente agradable al paladar, y le da un giro
inesperado al sabor de los quesos. La decoración de la preparación
es excepcional.
El postre quedo
relegado, la satisfacción al tope impidió que me abalanzara por una crepa con
helado y salsa de peras que vi en el menú (¡la veré en la próxima visita!)
Queda claro que es
un sitio digno de visitar, y más aún, cuando inesperadamente te traen…La
Uvita Perdida.




